Arthur Rimbaud nació en 1854 y murió de cáncer en 1891, a la edad de treinta y siete años, meses después que le amputaran la pierna derecha. Yves Bonnefoy dice que su madre era dura y brutal, algo en lo que todas las fuentes coincide:
"La madre de Rimbaud era un ser lleno de ambición, una mujer arrogante, testaruda y de un odio soterrado y una sequedad obstinada. Un modelo de pura y arrolladora energía teñida de una religiosidad santurrona; de las asombrosas cartas que escribió en 1900 se desprende incluso que estaba enamorada de la destrucción, de la muerte. ¿Como no acordarse en este punto de su entusiasmo por todo aquello que tuviera que ver con los cementerios? A los setenta y cinco años quiso que los sepultureros la metieran en la tumba, en la que mas tarde seria enterrada entre sus hijos ya fallecidos, Vitali y Arthur, para de esta manera saborear las tinieblas por anticipado" (Bonnefoy 1999, pag17)
¿Como debió de ser para un niño inteligente y sensible crecer junto a una mujer así? La respuesta esta en la poesía de Rimbaud. El biógrafo prosigue:
"Ella trató, con todas sus fuerzas, de impedir e interrumpir su inevitable maduración. Cuando menos, cualquier deseo de independencia, de libertad, debía ser cortado de raíz. Para el joven, que se sentía huérfano, la relación con su madre se convirtió en odio y fascinación. Rimbaud dedujo oscuramente que era él el culpable de no recibir amor. Se revelo contra su progenitora con furia, se revelo con toda la fuerza de su inocencia contra su juez"(ibid, pag17)
La madre sometió a sus hijos a su completo control y llamo a eso amor maternal. Su joven y lúcido hijo descubrió esta mentira y se percato de que la constante preocupación por las apariencias no tenia nada que ver con el verdadero amor, pero no pudo admitir plenamente esa percepción, ya que como niño necesitaba a toda costa el amor, al menos la ilusión del amor. No podía odiar a su madre, que aparentemente, tanto se preocupaba por él: de modo que dirigió su odio contra si mismo, con el convencimiento inconsciente de que merecía esa mentira y esa frialdad. La repugnancia que sintió la proyectó contra la ciudad de provincias que vivía, contra la falsa moral, a semejanza de Nietzsche y contra si mismo. Durante toda su vida trató de huir de estos sentimientos con ayuda del alcohol, del hachís, de la absenta, del opio y también de largos viajes. Se escapo dos veces de su casa cuando aun era adolescente, pero en ambas ocasiones fueron a buscarlo y lo devolvieron a casa.
En su poesía se refleja el odio que siente hacia sí mismo, pero también la búsqueda del amor que en su primera infancia le fue tan rotundamente negado. Más adelante, en su etapa escolar, tendrá la suerte de encontrarse con un profesor que, en los decisivos años de la pubertad, se convertirá para él en un leal amigo, un compañero y un apoyo. Esta confianza le permitió escribir y dedicarse a sus pensamientos filosóficos. Sin embargo, la infancia siguió manteniéndole encadenado a su estrangulamiento. Intento disipar su desesperación por el añorado amor con consideraciones filosóficas acerca de la esencia del amor verdadero. Pero eso quedaba en una abstracción, porque, pese a su rechazo racional de la moral, sigue estando emocional y lealmente sometido a ésta.
Puede sentir asco hacia si mismo, pero no hacia su madre: oír los dolorosos mensajes de sus recuerdos infantiles destruiría las esperanzas que de niño le ayudaron a sobrevivir. Rimbaud escribió una y otra vez que solo podía confiar en si mismo. ¿Que debió de aprender de pequeño si su madre, en lugar de brindarle amor autentico, solo le ofreció sus aberraciones y su hipocresía? Su vida entera fue un grandioso intento de escapar, mediante cuantos medios estuvieron al alcance, a la destrucción de su madre.
A los jóvenes que vivieron una infancia similar a la de Rimbaud es probable que les fascine su poesía por esta razón, porque en ella pueden vislumbrar vagamente su propia historia.
Todo el mundo sabe que Rimbaud y Paúl Verlaine estuvieron muy unidos. Parecía que, al principio, el anhelo de amor y comunicación autentica de Rimbaud se veía satisfecho con esta amistad, pero tanto su confianza, nacida durante la infancia y que afloró en una intimidad con un ser querido, como el pasado de Verlaine no permitieron ese amor. El refugio en las drogas les impidió a ambos vivir con la sinceridad que buscaban. Se infringieron mutuamente demasiadas heridas y Verlaine acabó siendo tan destructivo como la madre de Rimbaud; hasta dos veces lo hirió de bala estando borracho, lo que le valió dos años de cárcel.
Para salvar el "amor" verdadero del que careció en su infancia, Rimbaud buscó este amor en la caridad, en la comprensión y la compasión por el otro. Quiso darle a su amigo lo que él no había recibido. Quería entenderlo, ayudarlo, entenderse a si mismo, pero las emociones reprimidas de su infancia desbarataron continuamente sus intenciones. No encontró ninguna liberación en la caridad cristiana, ya que su incorruptible percepción no le permitía autoengaño alguno. Así pues, se paso la vida en constante busca de su propia verdad, que permaneció inaccesible porque aprendió demasiado pronto a odiarse a si mismo debido a lo que le hizo su madre. Se considero un monstruo, vivió su homosexualidad como una carga y su desesperación como un pecado. No obstante, no se permitió dirigir su interminable y justificada ira hacia el lugar de donde procedía, hacia la mujer que lo retuvo cautivo mientras pudo. Quiso liberarse de esta prisión durante toda su vida por medio del consumo de drogas, de los viajes, de las ilusiones y sobre todo de la poesía. Pero en todos sus desesperados intentos de abrir las puertas que habría de liberarle había una que siempre permanecía cerrada: la puerta de acceso a la realidad emocional de su infancia, a los sentimientos del niño que, sin un padre que lo protegiera, tuvo que crecer junto a una mujer gravemente perturbada y perversa.
La biografiá de Rimbaud es un ejemplo de cómo el cuerpo se ve obligado a buscar durante toda una vida el alimento autentico del que se ve privado muy temprano. Rimbaud se sintió impulsado a satisfacer una carencia, de saciar un hambre que ya no podía ser saciada. Su ambición a las drogas, sus numerosos viajes y su amistad con Verlaine pueden contemplarse no sólo como una huida de la madre, sino también como la búsqueda del alimento que ella le negó. Dado que esta realidad interna siempre fue inconsciente, la vida de Rimbaud estuvo marcada por la compulsión a la repetición. Tras cada huida fallida, volvió al lado de su madre, como también hiciera al separarse de Verlaine y al término de su vida, después de haber sacrificado ya su creatividad, de haber abandonado la escritura hacía años y por consiguiente, de haber satisfecho de modo indirecto las aspiraciones de su madre convirtiéndose en un hombre de negocios. Rimbaud paso los últimos momentos previos a su muerte en el hospital de Marsella, pero poco antes había recibido los cuidados de su madre y de su hermana en Roche. Significativamente, su búsqueda del amor materno finalizó en la cárcel de su infancia.
C’est un trou de verdure où chante une rivière
Accrochant follement aux herbes des haillons
D’argent ; où le soleil, de la montagne fière,
Luit : c’est un petit val qui mousse de rayons.
Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort ; il est étendu dans l’herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.
Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
Sourirait un enfant malade, il fait un somme :
Nature, berce-le chaudement : il a froid.
Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.
Arthur Rimbaud, octobre 1870
