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Joe,
que siempre se levantaba el primero, se alejó un poco de la casa para
ver el alba. Había un rocío intenso, la niebla marginaba la tierra, los
pájaros alborotaban en los árboles y subía el olor del calor antes de
que el sol apareciera sobre las montañas. Sería un caluroso día de
julio, espléndido para cosechar el heno. Y con la ayuda de Toine el
trabajo se haría con rapidez. Joe volvió a la casa y llamó:
-¡Matilda! ¡Toine! -Quería tomar desayuno.
Ella
salió de su pieza, ya vestida, y con la luz de la vela iluminando su
rostro, y, por primera vez, Joe vió que tenía un aire cansado: la
firmeza juvenil de su cuerpo ya no era como antes. Joe se dirigió hacia
la pieza de Toine. La habitación estaba vacía. De Toine, el fusil y el
atado de ropa no había señas, y su cama estaba intacta. Matilda había
colocado una lámpara sobre la mesa y se afanaba frente a la cocina. Joe
se sentó: ¡si Toine había hecho esto! Sólo ayer le había adelantado un
mes de sueldo. Le estaba agradecido a Toine porque lo había salvado de
las noches traicioneras, porque le había devuelto su control frente a la
hija de su mujer muerta. Y Toine era un gran trabajador. Había alabado a
Toine delante de Matilda: un buen hombre que sólo necesitaba una
esposa comprensiva. Matilda colocó los huevos con tocino y el café
sobre la mesa.
Ninguno de
los dos dijo una sola palabra. Matilda se fué al campo a ayudar en la
cosecha. La cara de la muchacha le reveló que Toine no volvería nunca
más. En un caluroso mediodía de agosto, Matilda dejó caer su horquilla y
cayó al suelo retorciéndose. Joe la cargó hasta la casa, y cuando la
recostó, sus manos estaban cubiertas de sangre. Inmediatamente la
colocó en el camión y se la llevó al hospital, y después de una muy larga espera salió el doctor:
-Aborto le dijo-; eso no tiene importancia. Eso no es lo peor ni mucho menos. Matilda
tenía blenorragia. No lo sabía y le había atacado la vista. Cuando Joe
volvió con ella a casa, dos semanas más tarde, Matilda estaba ciega.
Todos
los ahorros de Joe Pulsa habían desaparecido y sus ganancias de verano
estaban abandonadas en los campos. Pero Matilda estaba sana. Sus ojos no
veían, pero su rostro, como la tierra bajo la luz del sol después de
una gran tormenta, veía. Joe no le pidió perdón ni a Dios ni a ella...;
lo que había hecho era para poder seguir viviendo con su cuerpo y con su
alma.
Durante los
primeros meses, hasta que la viva inteligencia de la muchacha floreció,
tuvo que ayudarla a vestirse y a bañarse. La vió desnuda y tocó su
desnudez, pero estaba tranquilo y sin deseo, como si orara. Sin
embargo, no rezó: Dios no podía borrar en él el pecado que había
cometido, ni podía tampoco devolver la visión a los ojos de Matilda.
Aquello que había hecho era algo con lo que tenía que vivir, así como
Matilda viviría con su ceguera.
De
Toine y de la desgracia de ella, ni una sola palabra fué dicha. Ahora,
más que nunca, ella regentaba la casa y discutía con su padrastro el
precio de los huevos, la cuenta del hospital no pagada aún y la hipoteca
del Banco. Aprendió a caminar con seguridad, a sacar leche y a lavar.
Le pidió a Joe que dejara cada utensilio en un lugar determinado a fin
de poder encontrarlo. Podía pelar papas y lavar los platos (por el
olfato descubría la grasa), podía limpiar y sacudir y hasta podía
sembrar y cosechar. Mientras trabajaba, como no podía ver la danza del
sol y de las hojas, ni la del fuego en el hogar, tarareaba melodías que había cantado su madre o canciones que eran nuevas para ambos.
-¿Qué canción es ésa?
-No sé.
-Adoras la música, Matilda, y apuesto que te podría enseñar a tocar el piano.
-El piano no.
Pocas semanas después le dijo:
-Padre,
¿recuerdas lo que dijiste a propósito de tocar? Si tuviera una
guitarra, cuando no tenga otra cosa que hacer, podría acompañar mis
canciones.
La ciudad
molinera tenía una profesora de música que dirigía el coro del colegio,
que tocaba el órgano de la iglesia en los funerales y matrimonios y que
les enseñaba piano a las hijas de las madres ambiciosas. Joe Pulsa fué a
verla. Sí, la señorita Furnivale podía tocar un poco de guitarra.
-Es usted un muy buen hombre, señor Pulsa.
El rostro curtido de Joe se enfureció:
-No, señora.
-¡Por
supuesto que sí, señor Pulsa! ¡La pobrecilla! Por suerte que usted es
tan consciente. Sus alabanzas lo enfurecieron, Yo misma le compraré la
guitarra, y por cierto que son caras y usted tendrá que pagarla. Pero yo
veré lo que puedo hacer y eso no le costará un centavo.
Joe
no podía aceptar ayuda, ni siquiera de Dios, y pagaría. Si la mujer
rechazaba los dólares tendría que aceptar huevos y gallinas.
Matilda
se sentó con la señorita Furnivale a su lado y con la guitarra sobre la
falda. Sus manos, que la acariciaban, percibían su brillo. La señorita
Furnivale era una mujer regordeta con un rostro bonito, pero se notaba que
se había reprimido por demasiado tiempo. Sus ojos tiernos acariciaban a
cada niño, y los ojos sin luz de Matilda la convertían para ella en un
niño. Con paciencia le enseñó a la muchacha cada cuerda y cómo debía
sonar. Las desafinaba y le pasaba el instrumento a Matilda, cuyas manos
palpaban lenta y sabiamente el cordaje, desde las llaves hasta el
puente, mientras sus labios murmuraban como si viera. Una por una,
lentamente, afinaba cada cuerda. Pasaron diez días antes de que la
señorita Furnivale volviera para la segunda clase; se admiró de su
pequeña afinadora: la guitarra estaba perfectamente afinada. La
señorita Furnivale no era ningún virtuoso, y después de media docena de
clases le dijo a Joe Pulsa que no tenía nada más que enseñarle.
-¡Matilda es extraordinaria! Esta muchacha es realmente música. Y parece estar feliz,' ¿no es cierto?, la pobre querida.
La señorita Furnivale volvió a su casa con un pavo, huevos y una inmensa bolsa de papas.
El
nuevo juguete (era sólo eso para Joe) no influía en su trabajo. A estas
alturas podía zurcir los toscos calcetines de Joe y mezclar y hacer el
pan. Sus manos conocían los cuerpos de las vacas y de los caballos, y
con ternura y suavidad la ayudaban, como si se dieran cuenta de la
visión de sus manos, sus límites y su extraña percepción...
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