Este fragmento fue sacado del libro "Gestalt con niños y adolescentes" de la autora Marina Varas Schnake, de la pagina web https://gestalt.cl/
Cuando nos llega un niño diagnosticado con un posible déficit atencional, debemos hacer una evaluación global, porque puede que no haya sido diagnosticado correctamente. Según mi experiencia, muchos de los déficits de atención se confunden con otros problemas emocionales, entre ellos, falta de motivación, fobia escolar, depresión o angustia. La evaluación debe ser completa, es decir, abarcar al niño y a la familia, tanto en su manejo adecuado o inadecuado.
¿PROBLEMAS DE APRENDIZAJE O DÉFICIT DE ATENCIÓN?
Bruno (5 años, 11 meses) es derivado por la educadora de párvulos para una evaluación psicológica previa al ingreso a la Enseñanza Básica, pues es muy revoltoso, no tolera la frustración y no sigue instrucciones. A su vez, es derivado al neurólogo por un posible déficit de atención. Su educadora teme que sea incapaz de adaptarse a 1º Básico. Siguiendo esta indicación, Bruno es traído por sus padres (profesionales, ambos trabajan). Es su segundo hijo.
La madre está preocupada por el informe de la educadora, que indica que el niño se porta muy mal en el colegio. Esta última --con muchos años de experiencia-- ha sugerido evaluarlo, pues cree que no es adecuado exigir más al niño y sabe que, en 1º Básico, la exigencia será mayor. Sugiere que repita Kínder y sea llevado al neurólogo, a lo que la madre se opone. Su preocupación responde a que ellos trabajan y necesitan que el niño asista más horas al colegio. Al reducido horario del Kínder, se suman los traslados de uno y otro hijo a establecimientos diferentes, lo que implica más problemas para la madre. También les preocupa que esta dificultad manifiesta lo perjudique a futuro y se sienta menos capaz que su hermano. El padre no cree que sea necesario que repita y califica las dificultades de su hijo como simples “problemitas”, propios de un niño “algo inquieto”. Dice haber sido exactamente igual cuando pequeño.
Tras su evaluación, compruebo que Bruno es un chico inteligente y rápido que, aparentemente, no presenta problemas en el área cognitiva. Su profesora señala que manifiesta un buen potencial de aprendizaje, aunque requiere de constante apoyo y mediación del educador para finalizar las actividades, debido a que es algo desorganizado y no logra concentrarse por periodos más largos.
El niño presenta cierto liderazgo natural, es activo e inquieto, pero dentro de los rangos esperados para su edad. Le gusta ser tomado en cuenta y que los otros lo sigan. Puedo suponer que parte de su seguridad personal se basa en esto. Cuando es considerado y escuchado, reacciona muy favorablemente y se pueden lograr cambios con él y en sus deberes. Sin embargo, al verse postergado o dejado de lado cuando el adulto toma en cuenta a otro niño, manifiesta angustia y frustración, reaccionando en forma negativa, ya sea con irritación o llanto. En el aspecto emocional, se denota algo débil y parece requerir de mayor apoyo, pues aún es un niño vulnerable y delicado, cuya inmadurez se manifiesta en conductas como la necesidad constante de ser escuchado y atendido. Cuando ello ocurre, se calma. Sin embargo, al no ser tomado en cuenta, presenta dificultad para respetar turnos y acatar normas, poca tolerancia a la frustración, dificultad para solucionar conflictos simples e impulsividad en sus reacciones. No presenta déficit atencional, pero sí una madurez escolar por debajo a lo esperado para su edad. Con apoyo, podrá salir adelante fácilmente.
Entonces explico a los padres que estas conductas son muy importantes en 1º Básico, pues parte del éxito escolar que pueda tener el niño depende de ellas. Por ejemplo, un niño que no sabe esperar y no respeta turnos, probablemente se aburrirá en la fila o a la espera de ser escuchado o atendido, sobre todo en cursos como los de hoy, tan numerosos (40 niños por sala). Y un niño que se aburre, busca jugar, se mueve, desordena, molesta y hace “tonterías”, interrumpiendo el normal funcionamiento de la clase. Un niño que desordena es pronto calificado de “molestoso”, “desordenado” o que “se porta mal”, lo cual genera dificultades con sus pares y, muchas veces, el rechazo de sus profesores y compañeros. Si a esto sumamos su tendencia natural a liderar, al no ser escuchado comenzará a hacer tonteras para llamar la atención de sus pares y probablemente validarse frente a ellos en lo chistoso. Pronto se destacará haciendo travesuras y maldades. A la larga, aprenderá a liderar en estos malos hábitos, pues necesita la atención de sus pares, y si no la consigue por acciones positivas, es muy probable que lo haga por cuestiones negativas.
La grafomotricidad de Bruno refleja una deficiencia importante, ya que se encuentra muy por debajo de la media esperada para su edad. La enseñanza escolar exige realizar una serie de tareas que requieren el empleo de funciones perceptivas, psicomotoras y de orientación espacial, entre otras, que no todos los niños han desarrollado suficientemente cuando el colegio presupone que ya están listas. Es probable que, con un año más en Kínder, esto se solucione absolutamente solo.
Teniendo en cuenta la dificultad grafomotriz e inmadurez escolar de Bruno, sugiero a los padres que no lo matriculen en 1º Básico, ya que además, debido a su edad, será uno de los más pequeños de su curso y entrará con dificultades. Si, por el contrario, permanece un año más en Kínder, será un niño seguro emocionalmente, más confiado en sí mismo y en sus logros, pues tendrá mayores éxitos escolares. Su tendencia al liderazgo se basará en conductas más sanas, convirtiéndose en el que sabe hacer bien las cosas, en el más grande del grupo y, probablemente, en el ídolo positivo del curso. En un año más, seguramente todo le saldrá mejor y será admirado por los demás, entre otros factores, por ser el más grande del curso. Por lo tanto, la sugerencia es dejarlo en Kínder --en otro colegio, si los padres lo desean-- y transformarlo en un ejemplo para todos, en un líder positivo y creador, no un líder frustrado y resentido.
Esta sugerencia, a pesar de que pudo no gustar, especialmente al padre, fue acogida. Bruno permaneció un año más en Kínder y se convirtió en un pequeño líder, pues ya sabía todo. Se transformó en un ejemplo para sus iguales, lo que mejoró su autoestima y le dio tiempo para desarrollar una mayor madurez escolar e ingresar sin ninguna dificultad a 1º Básico. En esta ocasión, no se trataba de déficit atencional ni de un problema específico en el aprendizaje, ni específico del niño, sino de una baja madurez escolar. Solo era cuestión de darle el tiempo necesario para madurar, conscientes de la importancia de esto para que un niño pueda tener un futuro escolar exitoso.
SUGERENCIAS PARA TRATAR EL DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD (TDAH)
Cuando a la consulta nos llegan niños diagnosticados con déficit de atención por profesores o neurólogos, he de ser franca: pongo en duda el diagnóstico y me doy el tiempo de comprobar si realmente es correcto o si fue establecido a la ligera. Además de no estar muy de acuerdo con el modelo de diagnóstico que se utiliza en Chile, tampoco concuerdo mucho con el tratamiento.
Hemos de saber que en Chile se utiliza el manual de diagnóstico DSM-IV o DSM-V, donde se indica que el déficit de atención es un trastorno de origen neurobiológico cuyos síntomas son desconcentración, hiperactividad e impulsividad, que provocan al niño problemas en el colegio, en la casa y con sus pares. Los síntomas se manifiestan antes de los 7 años, edad a partir de la cual se diagnostica y medicamenta.
El estudio de epidemiología psiquiátrica en niños y adolescentes realizado en Chile
el año 2012, que representan al 57% de los niños y adolescentes que viven en Chile, arrojó resultados bastante sorprendentes, pues nos señala que, entre los trastornos disruptivos, el más prevalente fue el de déficit de atención con hiperactividad con un 10,3%, presentándose igual entre hombres y mujeres. La tasa de trastornos disruptivos en Chile es más alta que las que arrojan la mayoría de los estudios de otros países y es muy similar a la norteamericana (De la Barra, Vicente, Saldivia y Melipillán, 2012; 23: 521-529).
En Estados Unidos, alrededor de un 9% de los escolares han sido diagnosticados con TDAH, mientras que en Chile la cifra sube a un 10%. Curiosamente, en Francia apenas alcanza un 0,5% de los niños. ¿A qué se debe esto? A primera vista, la respuesta parece sencilla: en Francia no se guían por el mismo criterio de evaluación, el DSM-IV (utilizado en Chile y Estados Unidos), sino por otro manual, Classification Française des Troubles Mentaux de L’Enfant et de L’Adolescent. ¿Pero es que acaso los niños en Francia son diferentes a los niños en Chile y a los de Estados Unidos? ¿Por qué hay menos niños con TDAH?
Estas preguntas me llevaron a buscar e intentar comprender lo que está sucediendo con este trastorno tan diagnosticado en Chile. Así pude establecer que el origen de esta diferencia no lo encontramos en los síntomas, que son los mismos, sino en la comprensión global del problema. Esto significa que los niños presentan los mismos síntomas en todos los países, sin embargo, la federación francesa no considera el TDAH como una enfermedad del niño sino como un problema psicoambiental. Para los franceses, el TDAH es un trastorno que se produce en interacción con el medio, y desde ese punto de vista, no medican a los niños, sino que cambian el sistema educativo y ayudan a los padres a entender desde otra perspectiva su trastorno. Mirar la situación desde este prisma tiene como resultado menores índices de déficit atencional en los colegios y menor tratamiento farmacológico (que puede ser perjudicial para el niño, pues aún no está comprobada la inocuidad de los psicoestimulantes a lo largo de su vida).
En cambio, y a pesar de ser los mismos síntomas, en Estados Unidos y Chile se piensa que el origen del TDAH es neurobiológico y por ello se debe medicamentar.
Personalmente, no comparto la medicación sin haber comprobado su estricta necesidad, pues los medicamentos utilizados son estimulantes del sistema nervioso central que mejoran artificialmente la atención y la concentración. Debemos saber que una de las controversias actuales en psiquiatría infantil es si el uso de estos medicamentos aumenta el riesgo de abuso de sustancias o drogas en la edad adulta, o no.
Al inicio del tratamiento, los médicos recetan dosis bajas, que van aumentando a lo largo de los años hasta lograr el efecto terapéutico esperado. No dejo de cuestionarme cuando atiendo a jóvenes como Sandra, de 16 años, que toma fármacos desde los 7 y que llegó a la consulta tomando dos dosis de 20 mg de metilfenidato al día, mientras su hermano toma tres. Cuando mencioné a la madre que este medicamento podría ser adictivo, me confirmó que fue lo recomendado por el especialista. Lamentablemente, los padres no están informados de esta controversia para poder decidir por sí mismos.
Desde la Gestalt, no nos centraremos en las causas subyacentes a los síntomas del niño con TDAH. Sin embargo, sí buscaremos tener una mirada lo más global y amplia posible del problema. En ese sentido, lo entenderemos como un problema que afecta al niño en cuestión y que también está estrechamente relacionado con el medio en que se desenvuelve. Nuestra intervención se realizará en todos los planos que nos parezcan pertinentes, entre los que incorporo a la familia y, especialmente, al colegio.
* * *
